Varilleros: artesanos indiscutibles

El oficio del futuro: cómo y cuándo nació la reparación de coches dañados por granizo

Una profesión cada vez más conocida y valiosa para el sector de la automoción, que revolucionó el trabajo en las fábricas en las últimas décadas del siglo XX y que se reconoce cada vez más como oficio del futuro.

Estamos hablando del trabajo de los técnicos varilleros que, a través de un verdadero arte, reparan los vehículos que presentan abolladuras (genéricas o causadas por granizadas y ventiscas) con técnicas y herramientas específicas, sin tener que recurrir a productos contaminantes (masilla o pintura) y en un tiempo mínimo.

Descubramos en detalle cómo nació esta profesión y cómo se ha convertido, en el espacio de unas pocas décadas, en un trabajo aclamado en todo el mundo.

¿Cuándo y dónde nació la figura del varillero?

 

La profesión del técnico varillero es tan fascinante como la historia de su nacimiento. Sin embargo, si en sus inicios representaba una auténtica y exclusiva profesión, transmitida de padres a hijos dentro de las fábricas y por tanto conocida solo por un nicho, hoy en día es de más fácil acceso, ya que son muchas las empresas que se dedican a este trabajo. 

Si su exclusividad se está desdibujando, ciertamente no disminuye su fama: convertirse en un técnico varillero es ahora un objetivo cada vez más codiciado.

Entonces, ¿cuándo nació el arte de los varilleros? 

Si por un lado se desconoce su precursor, es cierto que entre los años ’60-’70 del ‘900, en las fábricas, asistimos a una revolución en la línea de montaje de la producción de automóviles y, en particular, en la producción de chapas para vehículos. La técnica apareció por primera vez en 1964 en una planta de producción de Ford en Detroit, donde un inspector de calidad la puso en práctica por primera vez.

Para evitar el desperdicio de piezas con defectos de fábrica (sellos y golpes encontrados durante la producción) surgió la necesidad de ir definiendo un nuevo recurso humano y por tanto incorporar una nueva figura profesional dentro de las fábricas: alguien capaz de devolver esas piezas a su estado original, de forma totalmente manual, en un tiempo mínimo y sin tener que repintar.

Y así fue como, con la entrada en la fábrica del técnico varillero, la pieza volvía a la vida en poco tiempo y, al poder ser reutilizada, evitaba costosos gastos para la recompra de dichas piezas.

Año tras año, esta profesión fue difundiéndose no solo en las fábricas de todo el mundo, sino también en su exterior, sobre todo para la reparación de vehículos dañados por granizo, permitiendo el nacimiento de empresas cuyo core business está enfocado en este tipo de reparación.

Por otro lado, con las conocidas alteraciones en el cambio climático y la creciente frecuencia de las tormentas de granizo, aumenta siempre más la necesidad de encontrar varilleros.

Las herramientas utilizadas por los técnicos varilleros

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Hay que recordar que el técnico varillero es considerado un verdadero artesano: a través de movimientos muy precisos y constantes, puede devolver el vehículo a su estado original.

En total, un varillero tiene a su disposición tres técnicas, conocidas como “técnicas PDR” (del inglés “Paintless Dent Repair”: reparación de abolladuras sin repintar) y, por lo tanto, tres herramientas diferentes:

  1. Varillas: la herramienta más utilizada, especialmente en Europa. Se trata de varillas de acero, de diferentes tamaños, que permiten acceder a las zonas más escondidas de un vehículo. Una ligera presión hacia arriba permitirá que las varillas devuelvan la superficie de la chapa a su estado original.
  2. Adhesivos termofusibles: son adhesivos que, una vez adheridos a la chapa, se quitan mediante el uso de un segundo elemento (conocido como martillo extractor, “Slide Hammer” y/o “Mini-Lifter”), que eliminará, junto con el adhesivo, también la abolladura.
  3. Inducción electromagnética: la más reciente técnica y herramienta que permite al varillero eliminar las abolladuras más difíciles, mediante la aplicación de calor en la superficie para “curar”.

Si las varillas simbolizan el trabajo de un varillero, las siguientes dos técnicas representan la evolución de esta profesión y la simplificación de las reparaciones más complejas. 

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